Poema 7
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E iremos a las playas sapienciales
a descubrir nuestros cadáveres exquisitos
recomponiéndolos
ellos finos, y nosotros buscándonos sin prisa.
Y entonces, las arenas atómicas
dando de comer a los poros hambrientos
de tu piel;
ella insaciable compulsiva
escarbando con los dedos, los dedos siempre ciegos
el ombligo centro de la mitad en mi mundo.
Un cangrejo reverberando a la luz de dos gemidos serenos
tres afanados
cuatro demenciales,
ella expirando a descalma.
¡Quietud!
No hay nada más que amar.
El tiempo ha sido pulverizado en horas de a litros
y minutos de a centímetros.
Nada para bendecir.
Sólo restan los soles viscosos
siendo lavados en la sal de la mar desbocada
de sus párpados abiertos.
William A. Sánchez - Colombia
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E iremos a las playas sapienciales
a descubrir nuestros cadáveres exquisitos
recomponiéndolos
ellos finos, y nosotros buscándonos sin prisa.
Y entonces, las arenas atómicas
dando de comer a los poros hambrientos
de tu piel;
ella insaciable compulsiva
escarbando con los dedos, los dedos siempre ciegos
el ombligo centro de la mitad en mi mundo.
Un cangrejo reverberando a la luz de dos gemidos serenos
tres afanados
cuatro demenciales,
ella expirando a descalma.
¡Quietud!
No hay nada más que amar.
El tiempo ha sido pulverizado en horas de a litros
y minutos de a centímetros.
Nada para bendecir.
Sólo restan los soles viscosos
siendo lavados en la sal de la mar desbocada
de sus párpados abiertos.
William A. Sánchez - Colombia
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